Miel chilena contra bacterias resistentes en perros: qué dice el nuevo estudio de la U. de Chile

Panal de miel y frasco de miel junto a una placa Petri y una pipeta de laboratorio, representando la ciencia detrás de la miel

A principios de agosto, coincidiendo con el Día Nacional de la Miel, un grupo de investigadores de la Universidad de Chile y de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, en México, publicó algo que nos hizo detenernos en Apihuel: un estudio que muestra que extractos de miel chilena logran inhibir, en laboratorio, el crecimiento de bacterias multirresistentes aisladas de infecciones de la piel en perros.

Es una investigación real, publicada en una revista científica revisada por pares. También es, como casi toda buena ciencia, más matizada de lo que suena en un titular. Vamos por partes.

Apiario chileno en otoño, colmenas de madera entre árboles con hojas doradas

¿Por qué importa?

La resistencia a los antibióticos —que las bacterias dejen de responder a tratamientos que antes las controlaban— es uno de los problemas de salud pública que más preocupan a nivel mundial, y la medicina veterinaria no está al margen.

En perros, las infecciones bacterianas de la piel son de las consultas más frecuentes en clínica, y cuando la bacteria involucrada es multirresistente, el tratamiento se vuelve más largo, más caro y más incierto.

Por eso, cuando aparece evidencia de que un producto disponible localmente —como la miel— podría tener algo que aportar en ese frente, vale la pena mirarla con atención.

¿Qué es, en simple, la resistencia bacteriana?

Cuando una bacteria se expone repetidamente a un antibiótico, algunas logran sobrevivir y desarrollar mecanismos de defensa.

Esas bacterias resistentes se multiplican, y con el tiempo el antibiótico deja de funcionar contra ellas.

Es un proceso natural que el uso excesivo o mal indicado de antibióticos —en personas, animales y agricultura— ha acelerado enormemente en las últimas décadas.

Frente a ese problema, la comunidad científica busca alternativas o complementos, y ahí es donde entra la miel: se sabe hace tiempo que ciertas mieles tienen actividad antibacteriana, gracias a compuestos como los fenoles, los flavonoides, el peróxido de hidrógeno y el metilglioxal.

Lo que faltaba era probarlo, con método, contra bacterias reales de pacientes caninos chilenos.

¿Qué se investigó, exactamente?

El equipo, con Lisette Lapierre como autora correspondiente desde la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, trabajó con cuatro mieles provenientes de apiarios de la propia universidad en la zona central del país, separados entre sí por más de 6 kilómetros y con floraciones locales distintas.

Dos de esas mieles fueron cosechadas en verano de 2024 y dos en otoño del mismo año.

De cada una obtuvieron un extracto metanólico: un proceso de laboratorio que disuelve la miel en alcohol metílico y la concentra, quedándose principalmente con los compuestos bioactivos —fenoles y flavonoides— y dejando fuera la mayor parte del azúcar.

Es importante tenerlo claro desde ya: no es la miel tal cual sale del panal, es un extracto concentrado, pensado para aislar su potencial químico y medirlo con precisión.

Ese extracto se enfrentó, mediante un método llamado microdilución en placa, a seis cepas de bacterias multirresistentes aisladas de infecciones cutáneas reales en perros atendidos en clínica: Escherichia coli, Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus, Pseudomonas aeruginosa, Pasteurella multocida y Enterobacter cloacae.

La pregunta era simple: ¿el extracto logra frenar el crecimiento de estas bacterias, y con cuánta concentración?

Microplaca de laboratorio con extracto de miel, método de microdilución en placa

Los resultados

Los cuatro extractos de miel inhibieron el crecimiento de las seis bacterias. No de algunas: de todas.

Las bacterias más sensibles al extracto —E. coli, E. faecium y S. aureus— dejaron de crecer con apenas un 3,13% de concentración.

Las otras tres, todas bacterias gram-negativas, naturalmente más resistentes —P. aeruginosa, P. multocida y E. cloacae—, necesitaron una concentración mayor, de 12,5%, para lograr el mismo efecto.

En ambos casos la relación fue clara: a mayor concentración del extracto, menor crecimiento bacteriano, con una correlación estadística fuerte (Spearman ρ = −0,886; p < 0,0001).

El dato que más nos llamó la atención en Apihuel fue otro: las mieles cosechadas en otoño inhibieron mejor a las bacterias que las cosechadas en verano (p = 0,0046).

Curiosamente, esto no se explicó del todo por los niveles de fenoles —que en algunos casos eran incluso más altos en las mieles de verano—, lo que sugiere que otros compuestos propios de la miel, junto con el origen floral de cada temporada, juegan un rol en esa capacidad antibacteriana.

Es, otra vez, un recordatorio de algo que en el campo intuimos hace tiempo: cada cosecha de miel es distinta, y esas diferencias no son solo de sabor.

Qué significa esto (y qué no)

Que un extracto de miel logre frenar bacterias multirresistentes en una placa de laboratorio es un hallazgo científico legítimo y prometedor. Confirma, con método y estadística, algo que la miel real siempre trajo consigo: no es solo azúcar, es un producto vivo, cargado de compuestos que las plantas y las propias abejas aportan, y que la ciencia recién está empezando a mapear con precisión.

Pero hay que ser honestos con los límites de este estudio, porque los propios investigadores lo son:

  • Es un estudio in vitro: se hizo en placas de laboratorio, no en perros vivos. Todavía no existe ningún ensayo clínico que pruebe que esto funcione dentro del cuerpo de un animal.
  • Se probó un extracto concentrado, no miel de consumo. Comer miel o aplicarla sobre la piel no es lo mismo que exponer una bacteria a un extracto metanólico purificado en laboratorio.
  • No se evaluó toxicidad ni seguridad de uso en animales. Los propios autores piden, como siguiente paso, estudios de toxicidad y ensayos in vivo antes de pensar en cualquier aplicación real.
  • No es un reemplazo de tratamiento veterinario. La miel no debe usarse para autotratar una infección de piel en un perro. Si tu mascota tiene una lesión o sospechas de infección, lo que corresponde es una consulta veterinaria, no la despensa.

Panal de miel real quebrado, con miel dorada saliendo de las celdas de cera

Lo que nos deja este estudio

En Apihuel llevamos años sosteniendo algo que a veces suena casi ingenuo en un mundo de suplementos y promesas fáciles: que la miel real, sin procesar ni intervenir de más, vale la pena por lo que realmente es.

Estudios como este —serios, con método, publicados en una revista científica y liderados por investigadores chilenos— son la forma correcta de ir entendiendo por qué.

No porque nos digan qué darle de comer a nuestras mascotas, sino porque confirman que hay mucho más adentro de un frasco de miel real de lo que el ojo ve.

Balde de Miel Multiflora del Valle del Maipo de Apihuel Colmenares Balde de Miel Multiflora de la Región de Los Lagos de Apihuel Colmenares

Nuestra Miel Multiflora del Valle del Maipo y nuestra Miel Multiflora de la Región de Los Lagos  comparten lo esencial con las mieles que sí se estudiaron: son miel real, de apiarios identificables, sin filtrar ni intervenir, con toda la carga floral y estacional que las hace distintas de una cosecha a otra.

Si te interesa conocerlas, te dejamos los enlaces arriba.

Seguiremos atentos a esta línea de investigación. Cuando haya evidencia más allá del laboratorio, se las vamos a contar con la misma honestidad con la que les contamos esta.

Fuentes consultadas

  1. Mireles-Villanueva, M.V., Reyna-Fuentes, J.H., Vázquez-Sauceda, M.L., Vargas, M.B., Cornejo, J., Neira, M., Muñoz-Sánchez, R.A., Lapierre, L. (2026). “Chilean Honey as Alternative Antibacterial: In Vitro Activity Against Multidrug-Resistant Canine Bacterial Pathogens.” Animals, 16(7), 1125. https://doi.org/10.3390/ani16071125
  2. Universidad de Chile. “Estudio U. de Chile y U. Autónoma de Tamaulipas revela que mieles chilenas inhiben bacterias resistentes en perros” (5 de agosto de 2026). uchile.cl

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